sábado, 19 de septiembre de 2009

EL LIBRO DE ABIMAEL GUZMAN: ¿MIEDO O MEDIOCRIDAD POLITICA?

José Ramos Bosmediano,
educador, miembro de la Red SEPA, ex Secretario General del SUTEP.
Desde que el 11 de este mes los senderistas presentaron el libro de Abimael Guzmán Reynoso, “De puño y letra”, el gobierno aprista y ciertos magistrados del poder judicial se han lanzado a generar un proceso acusatorio por el “delito de apología del terrorismo” que, supuestamente, habían cometido tanto el autor como los presentadores, extendiéndose la acusación hacia los que asistieron al acto, de lo que no podrían salvarse, además, ni los vendedores y lectores del citado libro. Como quien dice: “prohibido conocer, estudiar e investigar las ideas políticas en el Perú”. ¿O también se quiere negar que los planteamientos de Abimael Guzmán no son ideas políticas? ¿Y quién se atrevería a prohibir la lectura del libro “Mi Lucha” del genocida Adolfo Hitler? .
Muchos comentaristas ya han señalado la incongruencia de los Torquemada del momento al no haber acusado por lo mismo a Víctor Polay Campos, a la presentación de cuyo libro (“En el banquillo, ¿terrorista o rebelde?”) estuvo presente el suscrito porque estaba en Lima y fue invitado; ni hubo tal reacción oficial y oficiosa cuando “Feliciano” publicó su “Megajuicio de Sendero”.
Mirko Lauer (“¿Es esa la cuestión?, La República de Lima, 17/09/2009, p. 6), evadiendo, él sí, el tema de fondo, dice lo siguiente al finalizar su columna:
“Harían bien nuestros polemistas, de ambos lados del tema (los que dicen que Sendero Luminoso es un peligro y los que dicen lo contrario, aclaración mía), en concentrarse en algunos aspectos más de fondo en el fenómeno estrategias SL/narcos frente a las elecciones del 2010 y del 2011. Las estrategias existen, y los tenemos perfectamente a la vista. No nos preguntemos si el alacrán pica o no pica, o cuánto pica. Con no acercarle el dedo basta.”
La política represiva por delante.
Así como uno va a la presentación de un libro de ensayos del neoconservador Mario Vargas Llosa, cuyo mensaje es la defensa cerrada del inhumano proyecto neoliberal y el bilioso ataque a todo lo que significa lo indígena y lo nacionalista, no hay ningún inconveniente en participar de la presentación de un libro como el que levanta las iras de los “defensores de la democracia”. Villanueva del Campo y Javier Valle Riestra así lo demostraron frente al modesto libro de Polay Campos.
Como el mote de “terrorista” está a la orden del día desde el gobierno y sus socios fujimoristas, opusdeístas, militaristas fascistoides y toda especie ultrarreaccionaria, para todo aquel que por lo menos se acerque un poquito a la izquierda, el recurrente libro de Abimael ha caído en el momento preciso para apuntalar esa política represiva.
Tal es el problema de fondo y no el de encontrar la picadura o la inocuidad del alacrán con vistas a las elecciones que se avecinan en el Perú, como lo plantea Mirko Lauer. Desde un punto de vista práctico, el poeta que hace de analista político puede tener razón, y hasta ayudar al gobierno, por quien sus simpatías no son ocultas, para que éste no se dedique a gastar municiones en hormigas políticas. Pero los apristas y quienes gobiernan con ellos tienen un plan de mayor alcance: golpear en la cabeza del senderismo para arrinconar a toda la izquierda, usando el sofisma de que todo socialista, todo comunista, es terrorista o aspira a serlo, incluso aquellos que despectivamente reciben el sambenito de “caviares”.
No se puede entender el obstinado movimiento judicial y político en torno a los “contenidos terroristas” del libro y su presentación desde una supuesta ignorancia del objetivo electoral de Sendero Luminoso, como si el objetivo central de esta organización fuese eso, como lo insinúa también Salomón Lerner (que sería inadmisible la conversión de SL en un partido político para las elecciones del 2011, La República de Lima, 15/09/2009, p. 3).
La cuestión de fondo es si el libro y su presentación, acaso su lectura también, constituyen un delito de terrorismo o apología de terrorismo. La condena a Abimael no abarca la expresión de sus ideas, aun cuando no compartamos sus planteamientos. Y puedo decir que, cuando era dirigente nacional de uno de los partidos de izquierda y del propio SUTEP, escribí numerosos documentos de combate ideológico contra el dogmatismo anarquista de SL, incluso me enfrenté directamente con ellos en distintas partes del Perú, a la vez que lidiaba también con la derecha que sigue gobernando el país.
Lo que están haciendo los gobernantes actuales es profundizar su política represiva, que ya es visible cuando persiguen a los dirigentes indígenas acusándoles de subversivos. Esta orientación es la que debemos combatir y no ocultarla con argumentos de la coyuntura electoral.
¿Miedo o mediocridad?.
Las dos cosas al mismo tiempo. No miedo a SL, que será, mientras existan sus remanentes, un pretexto para mantener la aplicación del neoliberalismo, seguir apañando la corrupción, no combatir a fondo el narcotráfico, para seguir aplastando cualquier movimiento popular, para apuntalar el militarismo que está en el mismo cogollo del poder ejecutivo y en la cabeza de parlamentarios que defienden el proyecto neoliberal. El miedo real es al pueblo y creen los miedosos que golpeando en la cabeza de SL destruirán el movimiento popular, cuando este movimiento no tiene nada que ver con los senderistas ni con su ideología fundamentalista.
Pero si los apristas pretenden hacer desaparecer el “mensaje” del librillo de Guzmán Reynoso, de nada les servirán todas las acusaciones y condenas judiciales, por más drásticas que ellas fueren. Al adversario para que ablande sus ideas, hay que combatirlo con ideas. No hacerlo así y apelar a la armas de la represión son los métodos que siempre han utilizado los gobiernos débiles y los dirigentes mediocres. Porque el libro de marras no lleva bombas ni cochebombas. Lleva ideas que se han esgrimido durante el juicio y que ya conocimos en la primera carta que Abimael escribió y difundió luego de ser encerrado entre rejas. Así como el criminal Fujimori no se retractó de sus atrocidades, el comportamiento de Abimael Guzmán es similar.
Lo que ocurre es que la “inteligencia” aprista carece de inteligencia, de capacidad polémica, como la que esgrimía, en su tiempo, el “Cachorro” Manuel Seoane. Con su total viraje hacia el neoliberalismo, a los apristas no les quedan ni los postulados de la socialdemocracia y todo es, para ellos, libre mercado, competencia capitalista, inversión transnacional, asistencialismo electorero y clientelismo político. Tanto hablan de tecnología de punta en su disco duro ya no hay ideas sino estrechos intereses burgueses.
Su mediocridad debe hacer reír a Abimael Guzmán, pues le convierten en el peligro más grave para la denominada “democracia” peruana.
Si hubiere estado en Lima y hubiese sido invitado a la presentación, no habría dudado un segundo para asistir y adquirir el libro, pues en estos momentos estaría escribiendo sobre su recurrente contenido. En cambio, si me invitarían a la presentación del libro de Magaly, por quien abogó el mismísimo Alan García, no hubiese asistido porque su contenido no sirve ni para refutarlo.
¡Ay, democracia, democracia, cuántos atropellos se comenten en tu nombre!.
Iquitos, setiembre 17 del 2009

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