martes, 2 de abril de 2013

SUTE XVI DESLINDA CON LA HIPOCRESIA APRISTA Y EL NARCO ESTADO VENDEPATRIA

HAYA DE LA TORRE VIVIO EN LA CASA DE UN NARCOTRAFICANTE
EXISTIERON CONGRESISTAS APRISTAS METIDOS EN EL NARCOTRAFICO
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      La droga del poder (Cesar Levano)

El presidente Alan García afirmó ayer que los miles de indultos y conmutaciones que otorgó en su segundo mandato fueron dictados por compasión y por aliviar el hacinamiento que poblaba las cárceles. Según él, los narcos que liberó eran simples “burriers”. Conociendo como conocemos el ansia incontenible de dinero que lo impulsa, cabe la duda.
La Procuraduría AntiDrogas ha ubicado 400 casos de tráfico ilícito de Drogas en que los indultados estaban condenados por ese delito, con modalidad agravada, lo cual, según ley, les impedía acogerse a beneficios como el indulto o la conmutación (es decir, rebaja) de las penas. Parece que más de un traficante de alto vuelo aprovechó de la generosidad del primer mandatario de entonces.

El exministro de Justicia Aurelio Pastor, quien firmó con García cientos de indultos, afirma ahora que él solo suscribía lo que Alan García ordenaba.

Eso indica que la responsabilidad principal recae en García, pero no excluye de culpa a Pastor. Cierto es que el Presidente es el único que puede otorgar indultos y conmutaciones, pero es asimismo exacto que el ministro de Justicia tiene, de acuerdo a la Constitución, responsabilidad política por esos actos.

Hay que recordar que Pastor fue el ministro que, de acuerdo con García, concedió el indulto a José Enrique Crousillat, el empresario de televisión, bajo el pretexto de que se hallaba gravemente enfermo. Sin embargo, poco después se vio en la calle al enfermito con envidiable salud. Había recorrido “el camino de la comprensión”.

La Megacomisión que investiga a García ha encontrado pistas y acciones que el líder aprista debe aclarar, y no mediante publicitarias conferencias de prensa. Por ejemplo, si el indulto a Crousillat se produjo mediante el trámite regular en la Comisión de Gracias Presidenciales, o fue fruto de un arreglo “amistoso” (y bien aceitado) con el jefe de Estado y el ministro Pastor.

Ha surgido, además, un dato que echa leña al fuego de la duda en el tema de los indultos. La Megacomisión ha recibido denuncias de que, bajo el régimen aprista, había intermediarios que cobraban por las conmutaciones. Si podían hacerlo es sin duda porque existía complicidad en las altas esferas del poder.

Las revelaciones sobre el problema de los indultos y la reducción de penas a narcotraficantes traen a lamemoria el hecho demostrado de que Alan García no hizo nada efectivo respecto a la lucha contra ese tráfico sucio, en el que juegan muchos miles de millones de dólares. Esa indolencia tiene que haber acrecentado la confianza de los narcos en que con García y Pastor era posible llegar a acuerdos bajo la mesa.

Por supuesto que la extrema derecha política y el poder mediático van a creer, o fingir creer, en la inocencia de García. Eso, al compás de su batalla por el indulto de Alberto Fujimori, con las mismas banderas de la corrupción, el crimen y la impunidad.

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